miércoles, 28 de marzo de 2012

Caminándome.


Cada una de mis pausadas palpitaciones es muestra de una aceptada cobardía. Son reflejos de muchos ríos rojos que perdieron su razón de ser en dramáticos ataques de sentimentalismos infantiles.
Si pudiera me desharía en golpes de inconsciencia y podría dejar que se derrumbaran todas las paredes que esconden los nudos de extrañas manos. Pero el asunto es más de deseo y, tal vez, de no seguir el consejo de los instintos más mundanos que pueda concebir como propios.
Estoy atada a mí misma, a mis respiraciones, y al frio de mis huesos. Escapar de mis grilletes sería inconcebible y su llave la llevo en las entrañas. Y aunque me hubieran dado las piernas más ágiles y el carácter más fuerte, sé que no habría podido huir del desasosiego de mis mañanas llenas de lágrimas y del descolorido andar de mis trazos.

Mis incansables manías.

Necia, sin remedio y constantemente necia. No creo que haya otra manera de describirlo.
¿Por qué habría de seguir teniendo importancia? Cada quien soltó los pájaros sin alas y sin saberlo les hizo luto.
Cada quien encontró su atardecer  y por lados separados, sin atreverme a decir opuestos, puso en escena su propio drama y fue aplaudido por miserias.
Y más allá del capricho de negarme  la existencia de un pasado, o del querer constantemente vendarme los ojos al vivir los días, o incluso de ignorarle cuando me recrimina las heridas; más allá de eso está el hecho de que las cosas se han vuelto aburridas y no soporto estar de negro todos los días.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Misivas incompletas.


Déjeme decirle que lo he meditado mucho, que la cuestión no ha quedado olvidada. Un conjunto no nulo de veces a la semana abro el asunto otra vez y lo miro un poco indignada.

He tratado un mes entero, tal vez dos, de recoger exactamente lo que quiero decir sin que me falte nada ni me sobre mucho. He tratado de decirlo en voz alta sin que se me escape un balbuceo o una dudosa articulación. He tratado de escribirlo de seguido sin tener que tachar renglones enteros o retractarme de mis palabras.
Supongo que no le sorprende que no lo haya logrado todavía y haya decidido guardar silencio. Yo siempre tan tonta, queriendo pasar por sabia.
Todavía no he logrado completarlo, no he logrado aclararlo todo. Es el maldito trasfondo.
Supongo que de tanto posponerlo simplemente le he perdido la huella y las manos se me llenaron de huequitos que dejan pasar las banalidades.

En fin, detendré este palabrerío que no se suponía para ser andado.

No, no es un julio cualquiera. Ya estamos en marzo e inevitablemente me aliso los crespos cada día por medio.
Ya los abrazos son un poquito más exclusivos y por tanto son más fríos. Me he dejado encantar por el uso de las miradas desinteresadas que son más impersonales.
Si me quisiera meter de filósofa hablaría del rio y del agua que nunca es la misma. De la transmutación de las cosas y de las chicas que cambian la falda por el pantalón porque fueron tratadas de putas y fáciles que se pierden en las calles.
Para efectos prácticos están las fotos, esas nunca cambian y se quedan eternamente atascadas en la misma tarde/noche.
Yo, por mi lado, disfruto escapándome de lo que me molesta y evitando lo máximo posible perturbarme las pestañas. Restándole importancia al hecho de que ahora me coma las uñas, sigo creyendo que lo mejor es no pensar y hacerme la boba en esos embrollos que me cultivan las ojeras y el mal genio. Puede que así consiga que se terminen marchitando todos los recuerdos en los que estaba presente esta desgarbada imagen mía y de la nada deje de existir.

Había algo antes de mí y antes de usted, y todavía no es muy tarde para regresar a eso. No es como si hubiéramos permutado de manera equitativa parte de nuestra alma para permanecer perpetuamente siendo entes ligados y con igual destino.
Deberíamos dejar a un lado todos esos miedos un poco infantiles y posesivos de perder el lugar que intrínsecamente nos cedimos fuera de lo que somos y preguntarnos si en verdad nos llegaron a hacer falta.
¿Por qué siempre fuimos cobardes y nos hablábamos con metáforas?, ¿por qué nunca nos soltamos el cabello y dejamos que el pensamiento fuera público, por lo menos en nuestros espacios privados?

Si alguna vez nos perdimos del camino fue porque este nunca fue trazado concretamente y llegamos al punto de cansarnos de improvisar.

Nunca nos necesitamos, sólo quisimos creer que así era.
Nunca nos conocimos, si nuestra compañía era un gran silencio o un vacío.
Nunca nos peleábamos, en realidad exteriorizábamos nuestros odios propios y los dirigíamos hacia personas ajenas.
Y no, nunca hubo una noche, ni siquiera un día, en que nos extrañáramos.
¿Y ahora qué será?

Aqui otra vez, juro que no soy yo.


Siempre has sido estúpida
Desde que te descubriste creando tus mundos alternos.
En cada respiración estúpida
Y la fatiga no se ha vuelto impedimento, mucho menos la incertidumbre.

Ciega nunca has sido, ni lo has pretendido.
Has sabido contemplar las palabras no dichas
Por tantos espejos, casi todos coloridos.
Tu mente es estúpida, sin sentido, te repites.

Los cigarrillos nunca fueron eternos,
A pesar de olvidar la calada del mes.
Deseabas abrazarte a la imperturbabilidad y quererlos,
Ocultándote que los recuerdos también se añejan.

Estúpida.

Porque uno más uno nunca han sido dos,
Y las palmas de las manos se tocan tercas
Cuando quieres tacharlas y machacarlas y…
Te has visto sola.

El llanto temeroso se alejará y aquello tan falso
Renacerá sin quererlo, sin concebirlo.