Déjeme decirle que lo he meditado mucho, que la cuestión no ha quedado olvidada. Un conjunto no nulo de veces a la semana abro el asunto otra vez y lo miro un poco indignada.
He tratado un mes entero, tal vez dos, de recoger exactamente lo que quiero decir sin que me falte nada ni me sobre mucho. He tratado de decirlo en voz alta sin que se me escape un balbuceo o una dudosa articulación. He tratado de escribirlo de seguido sin tener que tachar renglones enteros o retractarme de mis palabras.
Supongo que no le sorprende que no lo haya logrado todavía y haya decidido guardar silencio. Yo siempre tan tonta, queriendo pasar por sabia.
Todavía no he logrado completarlo, no he logrado aclararlo todo. Es el maldito trasfondo.
Supongo que de tanto posponerlo simplemente le he perdido la huella y las manos se me llenaron de huequitos que dejan pasar las banalidades.
En fin, detendré este palabrerío que no se suponía para ser andado.
No, no es un julio cualquiera. Ya estamos en marzo e inevitablemente me aliso los crespos cada día por medio.
Ya los abrazos son un poquito más exclusivos y por tanto son más fríos. Me he dejado encantar por el uso de las miradas desinteresadas que son más impersonales.
Si me quisiera meter de filósofa hablaría del rio y del agua que nunca es la misma. De la transmutación de las cosas y de las chicas que cambian la falda por el pantalón porque fueron tratadas de putas y fáciles que se pierden en las calles.
Para efectos prácticos están las fotos, esas nunca cambian y se quedan eternamente atascadas en la misma tarde/noche.
Yo, por mi lado, disfruto escapándome de lo que me molesta y evitando lo máximo posible perturbarme las pestañas. Restándole importancia al hecho de que ahora me coma las uñas, sigo creyendo que lo mejor es no pensar y hacerme la boba en esos embrollos que me cultivan las ojeras y el mal genio. Puede que así consiga que se terminen marchitando todos los recuerdos en los que estaba presente esta desgarbada imagen mía y de la nada deje de existir.
Había algo antes de mí y antes de usted, y todavía no es muy tarde para regresar a eso. No es como si hubiéramos permutado de manera equitativa parte de nuestra alma para permanecer perpetuamente siendo entes ligados y con igual destino.
Deberíamos dejar a un lado todos esos miedos un poco infantiles y posesivos de perder el lugar que intrínsecamente nos cedimos fuera de lo que somos y preguntarnos si en verdad nos llegaron a hacer falta.
¿Por qué siempre fuimos cobardes y nos hablábamos con metáforas?, ¿por qué nunca nos soltamos el cabello y dejamos que el pensamiento fuera público, por lo menos en nuestros espacios privados?
Si alguna vez nos perdimos del camino fue porque este nunca fue trazado concretamente y llegamos al punto de cansarnos de improvisar.
Nunca nos necesitamos, sólo quisimos creer que así era.
Nunca nos conocimos, si nuestra compañía era un gran silencio o un vacío.
Nunca nos peleábamos, en realidad exteriorizábamos nuestros odios propios y los dirigíamos hacia personas ajenas.
Y no, nunca hubo una noche, ni siquiera un día, en que nos extrañáramos.
¿Y ahora qué será?

Que llega alguien y modifica la foto y por ende la percepción que tenias sobre ella cambia aunque sea la misma imagen, algo similar pasa con los humanos parece que son los mismos por fuera pero dentro están en constante modificación y si a eso le agregamos que el universo esta en constante expansión de algún modo esa imagen no es la misma
ResponderEliminarhttp://misublimadero.blogspot.com/2012/05/cmila.html
Las fotos siempre permanecen igual, ahí no hay terceros que valgan. Una vez que tienes una imagen fija, una percepción de un recuerdo guardado, que este cambie se vuelve una barbaridad.
ResponderEliminarSon verdades que nos imponemos a nosotros mismos y de vez en cuando es mejor dejárlas pasar.
¿por qué barbaridad?, el cambio es inevitable. En cuanto a que son verdades que nos imponemos a nosotros mismos insisto en que el cambio es inevitable o sino pues la otra opción sería la muerte (suicidio). ¿qué por qué el cambio es inevitable? porque somos seres sensoperceptivos, seres que tienen vida y si ese pequeño germen que lucho por vivir no hubiera cambiado no estaríamos ni tu ni yo aquí hablando, mas bien yo creo sin ánimo de ofender que eso no es mas que un apego (mecanismo mental de defensa) a un pasado que precisamente por ser visto tantas veces se desgasta y pierde su encanto, como dice una canción ensucio recuerdos cuando hecho la vista hacia atrás.
ResponderEliminarEn cuanto a dejarlas pasar pasan pero vuelven porque algo las evoca ya sea la voluntad propia o cualidades del entorno que las llaman inconscientemente, pero como una situación no es exactamente la misma dos veces (jamás, imposible) cambian. Osea flujo de consciencia y flujo vital del entorno, somos sistemas abiertos no cerrados, otra cosa muy diferente es que necesitemos algo en que basarnos para poder seguir adelante, todos le buscan una razón a la vida que trascienda la realidad propia que es tan frágil, el problema radica en que se quedan buscándola porque simplemente no existe. ¿entonces para que estar vivos? simple por curiosidad de ver que sigue. a modo de pregunta personal ¿dime por qué sufres? ¿que te atormenta?
El cambio es efectuado en lo presente, lo que ya sucedio es innamovible. Repito, ahondar más en el tema se hace innecesario.
ResponderEliminar