lunes, 16 de abril de 2012

Sonrisas de cajón.


Es común que en un momento determinado, mientras caminas pausadamente sobre el día merodeando de vez en cuando tus dudas inacabadas, te falte el aire y tengas que echarte a tus pies y aferrarte a las tristezas que los cubren.
Después de todo la costumbre te ha enseñado que la manera más efectiva de apegarte a tu existir, penoso y cansado, es el dolor de tu carne.
Cuerpos miserables que son puro estorbo físico, merecen sufrir para que aquello sagrado e intangible que contienen pueda expandir su esencia de bella nostalgia y errores irreprochables.
Un. Dos. Tres.
Pasan los segundos y las heridas se cierran, como si no fueran lo suficientemente desagradables por sí mismas.
Maldita sea, debes volver a arrancarte con las uñas esa molesta cáscara que cubre tus entrañas de manera traicionera.
¿Lo sientes? Ese sufrimiento es vida y mientras esté presente sabrás con seguridad que el pulso corre.
Mientras sigas liberándote de la pesada materia y te hagas vestidos de sangre, serás la iniciada de la belleza incompleta a la que le rindes un culto silencioso.
Sigue caminando el día, con dudas inacabadas y las sonrisas exigidas de manera advenediza.
Las marcas no se irán.

2 comentarios:

  1. Sonrisa de cajón. Máscara ocasional. Tapadera usual. Cortina afortunada. Cúbreme. Des-cúbreme. Escudo acostumbrado. Sábana vista. Felicidad de gabinete. Alegría enlatada. Coraza corazonaria. Secretos de tus labios y tus manos. Lo que sólo tú sabes y ya.

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  2. http://misublimadero.blogspot.com/2012/05/masoquismo-por-naturaleza.html

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