miércoles, 25 de julio de 2012

El resto de mi vida.


El resto de mi vida, viviré.
Aunque no tenga sentido, lo haré.
El resto de mi vida huiré
cuando no haya más escapatoria.
El resto de mi vida me rayaré la piel,
¿Por qué negarme a ser  un lienzo inmenso?
El resto de mi vida lloraré,
si no lo dispongo así irremediablemente estallaré.
Eventualmente reiré,
abrazaré y, quizás, considere el amar.
El resto de mi vida leeré,
¿Qué recinto puede ser más cálido que un buen libro esperándote?
El resto de mi vida escribiré
aunque no lleve las letras en las venas, mis manos trabajaran para ellas.
El resto de mi vida cantaré.
Dejaré mi alma elevarse en lo profundo.
El resto de mi vida moriré,
¿Acaso no es cada nuevo día una pequeña muerte?

Soledades.



Me he descubierto sola, resguardada en un charco de lágrimas amargas.
Tanto buscaba evitar el dolor, que irremediablemente terminé cayendo en él una vez más y no creo poder levantarme de nuevo. Mis manos raspadas de silencios, mi alma rota y desolada, ¿podré resistir una desilusión más?

He perdido mi caballero de la noche, le he permitido que se alejara. Me encariñé demasiado pronto y caí en el error de concebirnos un futuro. Estuve a punto de perderme a mí misma cada vez que le entregaba ingenuamente trozos de mi vida, convencida de que mis temores pasados eran injustificados. Ahora me he descubierto sola.

¿Será justo cargar con toda la culpa? Mi terquedad es lo que me impide salir de estas tinieblas en las que me he refugiado. Buscar siempre mantener el control de las respiraciones, propias y ajenas, simplemente una espalda dolida no puede cargar con tanto.

Seguiré vagando por el pantano que me he forjado, sin realmente vivir. ¿No es eso lo que suelo hacer? ¡Ja! Cuan desconsiderada puede ser una persona (¿puedo considerarme como tal?) al querer armar pequeñas óperas con sus manos y cortar, una y otra vez, las condenadas venas de aquellos amados.

El dolor… el dolor debería llevarse como un castigo personal, en silencio, pero yo sigo cayendo en el error de compartirme con los otros, ¿acaso no es eso lo que me hace frágil? 

miércoles, 4 de julio de 2012


No puedo lidiar con las emociones que se enfrentan en mi interior. Atacan mi calma como las olas atacan la playa y se la van consumiendo de una manera similar, se va opacando poco a poco mi paciencia y los ánimos de vivir MI vida, cual ocaso en verano o cual murcia flor sedienta.

Ya ni las letras, en las que creía haber encontrado un cálido aposento donde sentarme cómoda a leer poesía  o una madre comprensiva dispuesta siempre a escuchar mis ilógicos balbuceos, me sirven para desahogarme. La musa deambula callada sin compañía alguna.

No quiero admitir que no sé lo que pasa y que no sé qué es exactamente lo que quiero decir, lo que se me atranca en medio de la garganta y me genera un peso inaguantable, pero eso es exactamente lo que ocurre.  Me he quedado sin palabras ante la inmensidad de mi no sentir.

 Y de tanto darle vueltas a mis inexplicables tribulaciones estoy perdiéndome a mí misma.

No quiero esto.