Me he descubierto sola, resguardada en un charco de lágrimas
amargas.
Tanto buscaba evitar el dolor, que irremediablemente terminé
cayendo en él una vez más y no creo poder levantarme de nuevo. Mis manos
raspadas de silencios, mi alma rota y desolada, ¿podré resistir una desilusión
más?
He perdido mi caballero de la noche, le he permitido que se
alejara. Me encariñé demasiado pronto y caí en el error de concebirnos un
futuro. Estuve a punto de perderme a mí misma cada vez que le entregaba ingenuamente
trozos de mi vida, convencida de que mis temores pasados eran injustificados.
Ahora me he descubierto sola.
¿Será justo cargar con toda la culpa? Mi terquedad es lo que
me impide salir de estas tinieblas en las que me he refugiado. Buscar siempre
mantener el control de las respiraciones, propias y ajenas, simplemente una
espalda dolida no puede cargar con tanto.
Seguiré vagando por el pantano que me he forjado, sin
realmente vivir. ¿No es eso lo que suelo hacer? ¡Ja! Cuan desconsiderada puede
ser una persona (¿puedo considerarme como tal?) al querer armar pequeñas óperas
con sus manos y cortar, una y otra vez, las condenadas venas de aquellos
amados.
El dolor… el dolor debería llevarse como un castigo personal,
en silencio, pero yo sigo cayendo en el error de compartirme con los otros,
¿acaso no es eso lo que me hace frágil?

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