¿De qué me sirven las fechas si nada en mí ha cambiado? Soy
un valor constante en el existir de los que alguna vez me acompañaron y que
estorba ahora porque ellos sí han avanzado.
Soy una niña en un cuerpo de mujer, en un mundo de hombres
en cuerpos de niños. No me entiendo con nadie y no sé si debería hacerlo.
Las personas como yo nacen solas y presienten un final
similar, pero que angustioso se presenta el recorrido entre ambos momentos.
Mis esfuerzos por encajar son saboteados por mi solitario
estar. No, no quiero verte hoy y no estoy
segura de mañana querer hacerlo. Y esa es mi rutina, esconderme para nunca
tener que crecer.
Entonces, doy pequeños vistazos a la realidad y me abruma lo
mucho que me he perdido y lo mucho que me he apartado y lo insoportable que me
he vuelto.
Me doy vueltas y vueltas en recovecos de mi jaula toda llena
de papeles manchados con mi frustración, me recrimina la imagen en el espejo al
verme derrotada por los impulsos. Yo me saboreo el control cuando creo tenerlo,
pero siempre llega el golpe de realidad que me muestra que no es así.

