Mírame, siento que me mientes cuando hablas de lo mucho que
me estimas. Mi cabeza siempre baja no me permite estar de acuerdo con tus
palabras viciadas por el humo, no creas que es sólo la inseguridad a la que ya
otros se han habituado.
Trato de compartir mis sonrisas, pero lo único que me queda
son falsas morisquetas que no alcanzan a cubrir por completo el hoyo en
nuestros momentos. Eres del tipo que parlotea mucho y poco se interesa en
escucharme, aun cuando mis ojos aúllan desolación y piden ayuda.
No, el refugio que antes encontraba en tus historias es
ahora un frío cobertizo donde se asfixian mis esfuerzos por resucitar lo que
alguna vez tuvimos.
Cada persona que abandono es un vacío en mi vida que se va
haciendo más profundo con el retornar a lo que era. Yo soy de las que olvida,
¿no te lo había dicho antes?

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