Aterrador panorama de verme solitaria, abandonada a los
brazos del destino sin tener si quiera el remoto deseo de encontrarme.
Divagaciones que vienen en noches de noches, cuando está
escaso el cianuro y lánguida desvanezco en ayeres vaporosos en los que no soy.
Estoy cansada de las preguntas que indagan sobre el ser y
sobre el yo soy. Si yo cambio con celeridad es escabulléndome de todas razones
encontradas. Y qué me importa si a los ojos ajenos es un abyecto proceder, al
final no hay flores en jardines vivos o muertos tan cándidas como el alma que
perdí.
Por laberintos sin salidas aparentes, mis gesticulaciones
son insípidas y me callo el proceder según caprichos que no son míos. Los
gritos y el llanto, el romperse y desencajarse, ya no es parte de mi rutina y
algo empieza a andar mal. Estoy rota, sin palabras, sin estremecimientos. Se me
desvaneció el capricho. Sin palabras estoy rota.

