martes, 21 de febrero de 2012

Hubo un tiempo


Hubo un tiempo en el que creer lo era todo, y las personas volaban ocultando a los extraños sus penas para poder morir en paz rajándose el cuello en cualquier habitación de motel barato.

Hubo un tiempo en el que las personas tomaban turnos para derramar en algún turbio río todo el vómito que les permitía llevar la razón y luego, al marcharse, se sentían más livianos y capaces de fingir que sus vidas eran hipócritamente perfectas. Ellos nunca hablaban del vómito.

Hubo un tiempo en el que el amor era un bien privado y se podía pagar por él un tributo. Las gentes solitarias no eran más que desperdicio y los silencios no tomaban parte en las conversaciones.

Hubo un tiempo en el que nadie olía a nada, toda la mierda se camuflaba. La gente se esquivaba cuando caminaba con prisa y sólo se cruzaba en las esquinas cuando el asunto era de interés.

Hubo un tiempo en el que las trémulas manos sólo formaban parte de una condición física y nunca se profundizaba en las cavilaciones. Al fin y al cabo, ¿Quién podía sentir algo?

Hubo un tiempo en el que los divanes eran exclusivos de los incapaces de lidiar con sus vidas, y el hablar de sí mismo era oficio de pobres gentes débiles y de niños malcriados.

Hubo un tiempo en el que todos estaban ocupados, o querían estarlo, y en el que las palabras intercambiadas eran cortas. Nadie era devoto del uso de galimatías y figuras circundantes.

Hubo un tiempo en el que yo no era yo, era cualquier otro. Un tiempo en el que no tenía que dar explicaciones ni mendigar por respuestas.

Esos eran buenos tiempos.

viernes, 17 de febrero de 2012

¿Reflexiones interminables?


Maldita congoja traicionera que me hace desconfiar hasta de mi sombra.
Internos desvaríos que engendran en mi el gélido miedo de perder al amado tan amado.
El reflejo del espejo se ha caído en fraccionados trozos de mí ser, todo oxidado por el exánime aliento de los cuervos noctámbulos.
Cada madrugada, mientras dormía, desenterraba obstinadamente a mis muertos y ahora les he dado vida.
¿Será todavía prudente huir de mi misma, escapar para siempre de la hiriente existencia y ser la primera en osar conocer el lado oscuro del escondido jardín?
Por lo menos quedaría en mi la grata sensación de haber encontrado los vestigios de un fantasma que había pretendido olvidar, de una descolorida muñeca que había querido ocultar.
Mal momento ha escogido para retornar.

jueves, 16 de febrero de 2012

Nuevas incertidumbres.


He perdido los resplandores y las tinieblas reinan dentro de mí como nunca lo habían hecho. Me apagaron las certezas que había demorado tanto tiempo en juntar y ahora las dudas se han vuelto densas en mi cabeza.

¿Cómo se siente volver al comienzo? Ojala pudiera no saber la respuesta.

Me aturden los recuerdos de lacónicos instantes donde las cuestiones del no azar lo eran todo, y con eso se vivía ignorantemente feliz.

Ahora las marcas de antiguos dolores, las travesías de olvidadas lágrimas, la ausencia de viejos desamores, todo, todo se ha fundido en la estaca que me atraviesa y que trato inútilmente de arrancar.

Saberlo todo no debería ser una prioridad, pero ¿qué más puedo hacer?

Tengo miedo, señor, de no saber que decirle a la brisa cuando me susurre al oído y me pregunté por los restos de aquella que juré conocer.

Tengo miedo, señor, de que se me vea impura y sostener miradas se me haga insoportable.

Tengo miedo, señor, tengo miedo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Somnolienta existencia, o lo que quiera usted pensar.

Ahora lo veo, ahora soy capaz de verlo. Es como si todo fuera un sueño.
He escapado de mi realidad y me he sentado al lado tuyo a sentir los segundos pasar altaneramente.
La gente espera que divague, como siempre lo hago, pero yo respondo con vacíos.
He estado soñando.
Soñando tantas cosas.
Que la felicidad es alcanzable.
Que tengo un nombre distinto.
De repente no soy yo, soy la que tú conoces.
Soy paupérrimos delirios de tus ojos.
¿Acaso es diferente?
Alcanzamos a caminar entre marejadas de lluvia, sólo porque creíamos que se nos tenía permitido hacerlo.
Pero ahora que he despertado se perdieron los sentimientos.
Tengo recuerdos de mi mente ausente y de las noches, el día son puras falacias para mí.
No quiero preguntármelo, porque soy insufrible, pero ¿las cosas seguirán imperturbables como tus ojos cuando me vieron derramar gotas de soledad por los poros?
¿Deberíamos ser fantasmas oníricos y caminar en círculos concéntricos?
No lo sé, me lo he preguntado toda la noche y no lo sé.
Es muy tarde o muy temprano, y hablo como atontada porque estos días he estado soñando y se me alborota el malgenio.
Mejor me quedo calladita.