He perdido los resplandores y las tinieblas reinan dentro de mí como nunca lo habían hecho. Me apagaron las certezas que había demorado tanto tiempo en juntar y ahora las dudas se han vuelto densas en mi cabeza.
¿Cómo se siente volver al comienzo? Ojala pudiera no saber la respuesta.
Me aturden los recuerdos de lacónicos instantes donde las cuestiones del no azar lo eran todo, y con eso se vivía ignorantemente feliz.
Ahora las marcas de antiguos dolores, las travesías de olvidadas lágrimas, la ausencia de viejos desamores, todo, todo se ha fundido en la estaca que me atraviesa y que trato inútilmente de arrancar.
Saberlo todo no debería ser una prioridad, pero ¿qué más puedo hacer?
Tengo miedo, señor, de no saber que decirle a la brisa cuando me susurre al oído y me pregunté por los restos de aquella que juré conocer.
Tengo miedo, señor, de que se me vea impura y sostener miradas se me haga insoportable.
Tengo miedo, señor, tengo miedo.

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