martes, 18 de septiembre de 2012

Los errores.



Hay borrosas ilusiones marcadas sobre las rendijas de mis calles. Las ciudades se han vuelto nimias al contrastarlas con mis fantasías noctámbulas.
De vez en cuando, en un libro medio romántico, medio depresivo, soy capaz de dibujar una luna de ojos grises y olvido lo que me ha llevado a perderme de la muerte.
Cuando (alguien) me ignora, oculto todo sentimiento lujurioso y me concentro en danzar los compases de mis días. Sé que no estoy enteramente sola y lo más seguro es que mis besos disfruten el no tener propiedad sobre nadie, y que nadie tenga propiedad sobre ellos.
Mi concepto de belleza trasciende a todas aquellas superficialidades que me rodean diariamente, soy amante de los lunares en lugares extraños y de las espaldas anchas sin vellos.
Engañar a la gente se ha vuelto mi pasatiempo favorito. Excúsenme si me río en la capilla.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Lo contraproducente de reflexionar.



Con o sin divagaciones mis dudas persisten. Con lo niña chiquita que soy y lo sola que mantengo presiento que siempre me será ajeno el origen de la fascinación de los entes en compañía. Como si realmente se pudiera hablar sobre algo que se desconoce.

Solía decir que las caricias eran similares a las mentiras, y si no se conocen no hieren. Pero soy una espectadora imparcial y consciente de todas las cartas que pasan debajo de la mesa, el conocimiento me subyuga.

En un embrollo tremendo de cadenas y grilletes y llaves sin cerradura y de hierro oxidado el aire tiene un humor naranja. Ya no soy ni en mí, ni en él, ni en ti, ni en nadie, ni en todo.

No puedo aceptar que los otros cambien, yo quiero ser la única que se de ese lujo de ser impredecible e irreconocible a cada vuelta de esquina. Quiero ser la que confunde, no la confundida.

Ya me habían dicho “eres caprichosa y controladora”, y entre risas dejé escapar el humo.

Y ahora soy una antítesis, pero no alcanzo a completar el ejercicio dialéctico.