Cuándo aprenderás que las manos no son miradas, que los
labios no son palabras. Que el cuerpo es solo eso, que no son ideas, no son
motivos, no son personas.
Cuándo aprenderás que una conversación no es solo física,
que las caricias en ocasiones sobran, que no todo es de todos y no tienes por
qué aferrarte con los dedos.
Y el deseo, suele ser obstáculo para llegar a donde deseas; a
las charlas, al ser.
Que el contacto tiene su límite y no puedes siempre
traspasarlo, no puedes jugar a los manoseos indiscretos y aún querer tu imagen
recatada.
Cuándo dejarás la manía de creer cada cuerpo tuyo y de
aferrarte a él como si no quisieras te fuera arrebatado.
Cuándo dejarás de ser la chiquilla que habla con los dedos,
con los brazos, con los besos y los labios.
¿Y de verdad será eso obstáculo? El hecho de que mis
extremidades hablen y la cercanía la alcance con caricias. ¿Será lo adecuado
mantener la prudencia y alejarme de la calidez corpórea, haciéndome pasar por
escrupulosa?
No es eso lo que quiero, no es lo que necesito. Yo soy un
ser de mano con mano, labios con labios, sexo con sexo. Yo creo en la
honestidad de un baile pegado, de un beso coqueto, de un roce imprudente. Yo
creo en el cuerpo como puente entre ser y ser, en el cuerpo sincero.
Yo creo en la voz de mis dedos.


