domingo, 21 de julio de 2013

Cuándo

Cuándo aprenderás que las manos no son miradas, que los labios no son palabras. Que el cuerpo es solo eso, que no son ideas, no son motivos, no son personas.
Cuándo aprenderás que una conversación no es solo física, que las caricias en ocasiones sobran, que no todo es de todos y no tienes por qué aferrarte con los dedos.
Y el deseo, suele ser obstáculo para llegar a donde deseas; a las charlas, al ser.
Que el contacto tiene su límite y no puedes siempre traspasarlo, no puedes jugar a los manoseos indiscretos y aún querer tu imagen recatada.
Cuándo dejarás la manía de creer cada cuerpo tuyo y de aferrarte a él como si no quisieras te fuera arrebatado.
Cuándo dejarás de ser la chiquilla que habla con los dedos, con los brazos, con los besos y los labios.
¿Y de verdad será eso obstáculo? El hecho de que mis extremidades hablen y la cercanía la alcance con caricias. ¿Será lo adecuado mantener la prudencia y alejarme de la calidez corpórea, haciéndome pasar por escrupulosa?
No es eso lo que quiero, no es lo que necesito. Yo soy un ser de mano con mano, labios con labios, sexo con sexo. Yo creo en la honestidad de un baile pegado, de un beso coqueto, de un roce imprudente. Yo creo en el cuerpo como puente entre ser y ser, en el cuerpo sincero.

Yo creo en la voz de mis dedos.

jueves, 18 de julio de 2013

Las nuevas verdades.

Me tapo la cara con las manos y me rio como si estuviera acompañada. Apariencias equívocas suelo despertar en los ajenos, y eso es lo que quiero. ¿Qué ganaría dejando que vieran en mi espíritu cansado y testarudo?

En algunas ocasiones las sonrisas eran falsas, aun cuando deseaba que fueran sinceras, en otras simplemente salían por inercia y ni me interesaba el sentido de estas. Pero cuando me atacaba la congoja, el vacío salía desparramado por mis poros y no podía evitar que la hostilidad se viera reflejada en mi persona, integra y sin atavíos.

¿Y quién si no yo era capaz de hacerme miserable?  Palabras cortantes recibía de todos lados, me rodeaban en emboscada y me atacaban, haciéndome creer que esa era la esencia de mi existencia. ¿Qué más, si no ser miserable, podría descubrirme la musa eterna? Entonces me di cuenta que los murmullos hirientes eran pronunciados con mi voz.


Yo y mi voluntad perdida, las manos rasgadas de tanto caerse. Pero yo me sigo levantando, terca como nunca he decidido despejar el panorama, destruir el paisaje monótono que me había impuesto aquella que me hablaba al oído. No, no quiero escucharla más, no quiero que me arranque las ganas de elevarme en meditaciones, el gusto por el frío de las calles en las noches de poesía y el café oscuro que me desvela de manera indecente. Me he enseñado nuevas maneras, que la desesperación no es el único camino a mi verdad. Que no solo con dolor se llega al límite que me permitirá ver más allá de la corporeidad, de la superficialidad en lo cotidiano o a lo que quiero escapar.  Me he salido del hueco, o por lo menos lo estoy intentando.

martes, 16 de julio de 2013

Mentiras

Es como un vacío o un no saber, un mirar y reprochar y quedarme estancada y no saber cuándo todo empezó a estar mal.
Y anhelo cosas e imagino, pero con qué derecho me creo a hacer eso si no confío en lo que digo.
Te caes y pereces, ese es todo el ciclo, no te levantas ni te rehúsas a aceptar tu destino.
Pereces.
Quisiera tenerlo todo, pero que pavor si quiera pensar en que eso sea posible.
No puedo ni imaginarme fuera de mi cuerpo, ni sentir en serio algo diferente a esta nada dolorosa.
Nada hay más poco fructífero que esto, este derramar de tinta, este quedarme en mí y no ver más allá.
No quiero dormir.