Ansiedad de las manos que no se tocan, luminiscentes señas
de inquietud y mariposas sin colores o alas. Rocosas andadas y no rodar sobre
preguntas y por qués. Letanía nunca dicha de viejas hazañas y, cariño, sangre
en el tocador, cabello suelto entre tantas otras maneras de mordernos los
labios o divagarnos en sonetos.
Y si te escribiera alguna vez sería porque no eres si no
ausencias y enredos en seres y recuerdos, y eres hoyuelos o quizás nada de eso,
ni siquiera estamos en miras del hado esquivo y con lentitud, que no es nada
mía, me hundo en tu ombligo y me cuestiono sobre cuestionarte y no tengo ojos
para callarme.
Y no te siento, o es lo que creo, pero no me detengo tampoco
ante oscuridades en el espejo. Cadencioso repiqueteo de la impaciencia a lo que
guardas con recelo entre tu espalda y tu pecho, he roto el hechizo de la
lejanía y no me queda más remedio, contemplarme desnuda como si fuera mi
ofrenda a lo que no seremos, ¿o tal vez sí?
Entre tantos sin sentidos aun encuentro el lienzo de los
días por venir para pintarnos juntos lado a lado o hacerme sola, pero no
incompleta.

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