lunes, 13 de octubre de 2014

Soy


Soy una mujer de caderas anchas y pechos pronunciados.
Soy palabras que tal vez no digo, que me callo.
Soy versos jamás escritos, pero con pasión recordados.
Oculto de vez en cuando un llanto callado,
Una sonrisa esquiva, un coqueteo censurado.
Muchas veces, muchos días, soy amor desmedido.
Y soy locura y soy baile y música y soy fiestas.
Para la gente, soy risas y una simpática niña que nunca se cortaría los dedos con las hojas de un libro de poesía.
Soy una amiga que no tiene amigos, porque de vez en cuando soy un silencio.
Soy los celos con pechos, soy la envidia con piernas, soy imperfecta y algunas cosas no las podré cambiar.
Soy todo, o por lo menos mucho, de lo que los demás quieren de mí. Porque a pesar de ser tímida en un principio, con el tiempo me vuelvo complaciente.
Soy estereotipos que me atormentan y me hallan sola, que me encasillan y me alejan de mi ideal romántico.
A veces soy negro y me gusta, por eso lo visto. A veces soy amarillo, porque soy soñadora y quiero ser una con el mundo.
Soy cosas que he dejado de ser y soy cosas que desearía ser.
Soy una muñeca de porcelana que deja a los demás abrir hendiduras en su terso pecho.
Una muñeca que se deja lastimar.
Soy una lectora empedernida, que no deja la oportunidad de oler un libro por las orillas.
Soy una escritora a escondidas y que el tiempo irá descubriendo.
No puedo decir que soy poeta o cantante, ni siquiera un prodigio o una intelectual.
No puedo decir que soy una cosa o la otra.

Pero sin lugar a dudas, soy.

14 de abril de 2014

domingo, 15 de diciembre de 2013

Gris marchitado.


Una vez más la soledad me inunda, una soledad que no se puede expresar con palabras y que no ese puede evadir en letras. Estoy tan muerta que ni el más despreciable gusano levanta la mirada cuando oye mi desandado caminar.
Y no tengo a nadie, ¿por qué no tengo a nadie? Caigo irremediablemente en el desagravio a los silencios que me susurran y me arrastran al otro lado de la noche. Y hablo con mi muñeca, aun sabiendo que sus oídos ya no pueden escucharme.

Yo soy de escribir cartas sin destinatario que se irán pudriendo a medida que las ausencias me consuman y no haya grito que valga para desatarme del indeseado destino. Soy tal murcio desecho del alma, que ni lágrimas tengo para llorarlas. Sollozos, vacíos y noches eternas.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Amargos.

Aterrador panorama de verme solitaria, abandonada a los brazos del destino sin tener si quiera el remoto deseo de encontrarme.

Divagaciones que vienen en noches de noches, cuando está escaso el cianuro y lánguida desvanezco en ayeres vaporosos en los que no soy.

Estoy cansada de las preguntas que indagan sobre el ser y sobre el yo soy. Si yo cambio con celeridad es escabulléndome de todas razones encontradas. Y qué me importa si a los ojos ajenos es un abyecto proceder, al final no hay flores en jardines vivos o muertos tan cándidas como el alma que perdí.


Por laberintos sin salidas aparentes, mis gesticulaciones son insípidas y me callo el proceder según caprichos que no son míos. Los gritos y el llanto, el romperse y desencajarse, ya no es parte de mi rutina y algo empieza a andar mal. Estoy rota, sin palabras, sin estremecimientos. Se me desvaneció el capricho. Sin palabras estoy rota.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ataques,

No tengo a nadie, estoy sola, tan profundamente sola que me duele el vacío inmenso.
Y en mi terquedad busco a alguien que me escuche, que me dé la razón de lo que siento, que me consuele, pero estoy sola.
No me acostumbro, aún no he aprendido a estar en soledad. Sigo escarbando en las recónditas esquinas más depravadas de esta humanidad buscando algún alivio, quiero un hombro, unos oídos, un apoyo. No hay nadie, estoy sola, tan profundamente sola.
Quisiera que no fuera verdad, quisiera escapar de esta arboleda infinita de troncos huecos. Maldita sea, estoy tan sola que entre las voces atisbo el silencio, el alma de la nada.

Estoy cansada, de ser yo, de ser nadie, de estar sola. Estoy sola, estoy cansada, estoy…

sábado, 17 de agosto de 2013

Noches calladas

Ansiedad de las manos que no se tocan, luminiscentes señas de inquietud y mariposas sin colores o alas. Rocosas andadas y no rodar sobre preguntas y por qués. Letanía nunca dicha de viejas hazañas y, cariño, sangre en el tocador, cabello suelto entre tantas otras maneras de mordernos los labios o divagarnos en sonetos.
Y si te escribiera alguna vez sería porque no eres si no ausencias y enredos en seres y recuerdos, y eres hoyuelos o quizás nada de eso, ni siquiera estamos en miras del hado esquivo y con lentitud, que no es nada mía, me hundo en tu ombligo y me cuestiono sobre cuestionarte y no tengo ojos para callarme.
Y no te siento, o es lo que creo, pero no me detengo tampoco ante oscuridades en el espejo. Cadencioso repiqueteo de la impaciencia a lo que guardas con recelo entre tu espalda y tu pecho, he roto el hechizo de la lejanía y no me queda más remedio, contemplarme desnuda como si fuera mi ofrenda a lo que no seremos, ¿o tal vez sí?

Entre tantos sin sentidos aun encuentro el lienzo de los días por venir para pintarnos juntos lado a lado o hacerme sola, pero no incompleta.

sábado, 3 de agosto de 2013

Madrugada.

Las luces cegaban mi razón más que las sensaciones que recorrían mi cuerpo. El baile repetitivo de las almas tristes era el aroma predominante en el ambiente. Y me di cuenta que alguna vez quise y olvidé dejarme llevar, pero qué más da dar vuelta a la página y llorar a un cadáver.
Esto es lo que detesto de la música del eterno palpitar, me pone a pensar y al divagar me oscurezco, ¿qué estoy haciendo conmigo? Voces débiles me llegaban de fuera y me obligué a volver en mí. “Que te caes parce, que te caes”, y no pude evitar soltar la carcajada, que sonó más como un grito de auxilio.
¿Alguna vez ha sentido que se cae y no para de caer, aunque vea su cara contra el piso? A veces llegué a pensar que ese era mi estado natural y no me pude levantar, porque seguía cayendo.
La última certeza que me queda de esas noches es la imagen de mi cuerpo rígido ser levantado de esos charcos de orín y azufre que la ciudad daba a los pobres diablos que no seguían sus reglas. Yo era una de esos y no me arrepentía de serlo.
Yo solía vivir de las calles, de la suciedad que la sociedad desechaba, los que se dejaron consumir por la locura de querer conquistarse a sí mismos, fuera de los que creen que el dinero es elíxir de vida y el poder el viagra de los dioses. No, yo quería encontrar lo real.
Todo empezó con la persona, con la mentira que se esconde detrás de un traje o un diploma. ¿Y qué hay del sudor de la carne, del instinto de supervivencia que te empuja a arrancarte la humanidad y atacar a tu homólogo? Los recovecos de las mentes me llamaban a gritos y me escapé a donde creí podría encontrarlos. Nada de bibliotecas y aulas, yo quería baile de madrugada, y cajas de cartón por trono.
¿Qué más real y auténtico que la amenaza del no saber cómo despertar cada día y no separar por fechas la experiencia? Yo no quería pensar, porque me parecía pretencioso y me dedique a moverme, a buscar eso que me impulsara. Encontré gente que me ayudaba, metiéndome vainas raras en el cuerpo que me hacían volar y al despertar, encontraba mi mano moviéndose en los dedos del pie.
Cuando regresaba todo era peor, mi cerebro se abalanzaba a referenciar todo lo que sucedía y los vacíos los llenaba con historias que nunca me aseguré fueran verdad. Y me enojaba, porque el dejarse llevar me resultaba más tedioso que la consciencia de estar. Pero yo no me acercaba a lo que buscaba, antes se me hacía ajeno el primer paso del partir. ¿Y dónde estaban mis personas, dónde aquellos rechazados? ¿Qué me estaban haciendo?
Me dejé ir y creí conquistar la cima del mundo, cuando pura mierda era lo que llevaba por tiara.
En fin, soy niña descuidada y mis ojos inquietos se enredaron donde no debía. Ahora ni hablar puedo porque las palabras, de esas me faltan. Ahora ni hablar puedo, porque el aire me falta.

Y al final no pude ver.

domingo, 21 de julio de 2013

Cuándo

Cuándo aprenderás que las manos no son miradas, que los labios no son palabras. Que el cuerpo es solo eso, que no son ideas, no son motivos, no son personas.
Cuándo aprenderás que una conversación no es solo física, que las caricias en ocasiones sobran, que no todo es de todos y no tienes por qué aferrarte con los dedos.
Y el deseo, suele ser obstáculo para llegar a donde deseas; a las charlas, al ser.
Que el contacto tiene su límite y no puedes siempre traspasarlo, no puedes jugar a los manoseos indiscretos y aún querer tu imagen recatada.
Cuándo dejarás la manía de creer cada cuerpo tuyo y de aferrarte a él como si no quisieras te fuera arrebatado.
Cuándo dejarás de ser la chiquilla que habla con los dedos, con los brazos, con los besos y los labios.
¿Y de verdad será eso obstáculo? El hecho de que mis extremidades hablen y la cercanía la alcance con caricias. ¿Será lo adecuado mantener la prudencia y alejarme de la calidez corpórea, haciéndome pasar por escrupulosa?
No es eso lo que quiero, no es lo que necesito. Yo soy un ser de mano con mano, labios con labios, sexo con sexo. Yo creo en la honestidad de un baile pegado, de un beso coqueto, de un roce imprudente. Yo creo en el cuerpo como puente entre ser y ser, en el cuerpo sincero.

Yo creo en la voz de mis dedos.