domingo, 15 de diciembre de 2013

Gris marchitado.


Una vez más la soledad me inunda, una soledad que no se puede expresar con palabras y que no ese puede evadir en letras. Estoy tan muerta que ni el más despreciable gusano levanta la mirada cuando oye mi desandado caminar.
Y no tengo a nadie, ¿por qué no tengo a nadie? Caigo irremediablemente en el desagravio a los silencios que me susurran y me arrastran al otro lado de la noche. Y hablo con mi muñeca, aun sabiendo que sus oídos ya no pueden escucharme.

Yo soy de escribir cartas sin destinatario que se irán pudriendo a medida que las ausencias me consuman y no haya grito que valga para desatarme del indeseado destino. Soy tal murcio desecho del alma, que ni lágrimas tengo para llorarlas. Sollozos, vacíos y noches eternas.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Amargos.

Aterrador panorama de verme solitaria, abandonada a los brazos del destino sin tener si quiera el remoto deseo de encontrarme.

Divagaciones que vienen en noches de noches, cuando está escaso el cianuro y lánguida desvanezco en ayeres vaporosos en los que no soy.

Estoy cansada de las preguntas que indagan sobre el ser y sobre el yo soy. Si yo cambio con celeridad es escabulléndome de todas razones encontradas. Y qué me importa si a los ojos ajenos es un abyecto proceder, al final no hay flores en jardines vivos o muertos tan cándidas como el alma que perdí.


Por laberintos sin salidas aparentes, mis gesticulaciones son insípidas y me callo el proceder según caprichos que no son míos. Los gritos y el llanto, el romperse y desencajarse, ya no es parte de mi rutina y algo empieza a andar mal. Estoy rota, sin palabras, sin estremecimientos. Se me desvaneció el capricho. Sin palabras estoy rota.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ataques,

No tengo a nadie, estoy sola, tan profundamente sola que me duele el vacío inmenso.
Y en mi terquedad busco a alguien que me escuche, que me dé la razón de lo que siento, que me consuele, pero estoy sola.
No me acostumbro, aún no he aprendido a estar en soledad. Sigo escarbando en las recónditas esquinas más depravadas de esta humanidad buscando algún alivio, quiero un hombro, unos oídos, un apoyo. No hay nadie, estoy sola, tan profundamente sola.
Quisiera que no fuera verdad, quisiera escapar de esta arboleda infinita de troncos huecos. Maldita sea, estoy tan sola que entre las voces atisbo el silencio, el alma de la nada.

Estoy cansada, de ser yo, de ser nadie, de estar sola. Estoy sola, estoy cansada, estoy…

sábado, 17 de agosto de 2013

Noches calladas

Ansiedad de las manos que no se tocan, luminiscentes señas de inquietud y mariposas sin colores o alas. Rocosas andadas y no rodar sobre preguntas y por qués. Letanía nunca dicha de viejas hazañas y, cariño, sangre en el tocador, cabello suelto entre tantas otras maneras de mordernos los labios o divagarnos en sonetos.
Y si te escribiera alguna vez sería porque no eres si no ausencias y enredos en seres y recuerdos, y eres hoyuelos o quizás nada de eso, ni siquiera estamos en miras del hado esquivo y con lentitud, que no es nada mía, me hundo en tu ombligo y me cuestiono sobre cuestionarte y no tengo ojos para callarme.
Y no te siento, o es lo que creo, pero no me detengo tampoco ante oscuridades en el espejo. Cadencioso repiqueteo de la impaciencia a lo que guardas con recelo entre tu espalda y tu pecho, he roto el hechizo de la lejanía y no me queda más remedio, contemplarme desnuda como si fuera mi ofrenda a lo que no seremos, ¿o tal vez sí?

Entre tantos sin sentidos aun encuentro el lienzo de los días por venir para pintarnos juntos lado a lado o hacerme sola, pero no incompleta.

sábado, 3 de agosto de 2013

Madrugada.

Las luces cegaban mi razón más que las sensaciones que recorrían mi cuerpo. El baile repetitivo de las almas tristes era el aroma predominante en el ambiente. Y me di cuenta que alguna vez quise y olvidé dejarme llevar, pero qué más da dar vuelta a la página y llorar a un cadáver.
Esto es lo que detesto de la música del eterno palpitar, me pone a pensar y al divagar me oscurezco, ¿qué estoy haciendo conmigo? Voces débiles me llegaban de fuera y me obligué a volver en mí. “Que te caes parce, que te caes”, y no pude evitar soltar la carcajada, que sonó más como un grito de auxilio.
¿Alguna vez ha sentido que se cae y no para de caer, aunque vea su cara contra el piso? A veces llegué a pensar que ese era mi estado natural y no me pude levantar, porque seguía cayendo.
La última certeza que me queda de esas noches es la imagen de mi cuerpo rígido ser levantado de esos charcos de orín y azufre que la ciudad daba a los pobres diablos que no seguían sus reglas. Yo era una de esos y no me arrepentía de serlo.
Yo solía vivir de las calles, de la suciedad que la sociedad desechaba, los que se dejaron consumir por la locura de querer conquistarse a sí mismos, fuera de los que creen que el dinero es elíxir de vida y el poder el viagra de los dioses. No, yo quería encontrar lo real.
Todo empezó con la persona, con la mentira que se esconde detrás de un traje o un diploma. ¿Y qué hay del sudor de la carne, del instinto de supervivencia que te empuja a arrancarte la humanidad y atacar a tu homólogo? Los recovecos de las mentes me llamaban a gritos y me escapé a donde creí podría encontrarlos. Nada de bibliotecas y aulas, yo quería baile de madrugada, y cajas de cartón por trono.
¿Qué más real y auténtico que la amenaza del no saber cómo despertar cada día y no separar por fechas la experiencia? Yo no quería pensar, porque me parecía pretencioso y me dedique a moverme, a buscar eso que me impulsara. Encontré gente que me ayudaba, metiéndome vainas raras en el cuerpo que me hacían volar y al despertar, encontraba mi mano moviéndose en los dedos del pie.
Cuando regresaba todo era peor, mi cerebro se abalanzaba a referenciar todo lo que sucedía y los vacíos los llenaba con historias que nunca me aseguré fueran verdad. Y me enojaba, porque el dejarse llevar me resultaba más tedioso que la consciencia de estar. Pero yo no me acercaba a lo que buscaba, antes se me hacía ajeno el primer paso del partir. ¿Y dónde estaban mis personas, dónde aquellos rechazados? ¿Qué me estaban haciendo?
Me dejé ir y creí conquistar la cima del mundo, cuando pura mierda era lo que llevaba por tiara.
En fin, soy niña descuidada y mis ojos inquietos se enredaron donde no debía. Ahora ni hablar puedo porque las palabras, de esas me faltan. Ahora ni hablar puedo, porque el aire me falta.

Y al final no pude ver.

domingo, 21 de julio de 2013

Cuándo

Cuándo aprenderás que las manos no son miradas, que los labios no son palabras. Que el cuerpo es solo eso, que no son ideas, no son motivos, no son personas.
Cuándo aprenderás que una conversación no es solo física, que las caricias en ocasiones sobran, que no todo es de todos y no tienes por qué aferrarte con los dedos.
Y el deseo, suele ser obstáculo para llegar a donde deseas; a las charlas, al ser.
Que el contacto tiene su límite y no puedes siempre traspasarlo, no puedes jugar a los manoseos indiscretos y aún querer tu imagen recatada.
Cuándo dejarás la manía de creer cada cuerpo tuyo y de aferrarte a él como si no quisieras te fuera arrebatado.
Cuándo dejarás de ser la chiquilla que habla con los dedos, con los brazos, con los besos y los labios.
¿Y de verdad será eso obstáculo? El hecho de que mis extremidades hablen y la cercanía la alcance con caricias. ¿Será lo adecuado mantener la prudencia y alejarme de la calidez corpórea, haciéndome pasar por escrupulosa?
No es eso lo que quiero, no es lo que necesito. Yo soy un ser de mano con mano, labios con labios, sexo con sexo. Yo creo en la honestidad de un baile pegado, de un beso coqueto, de un roce imprudente. Yo creo en el cuerpo como puente entre ser y ser, en el cuerpo sincero.

Yo creo en la voz de mis dedos.

jueves, 18 de julio de 2013

Las nuevas verdades.

Me tapo la cara con las manos y me rio como si estuviera acompañada. Apariencias equívocas suelo despertar en los ajenos, y eso es lo que quiero. ¿Qué ganaría dejando que vieran en mi espíritu cansado y testarudo?

En algunas ocasiones las sonrisas eran falsas, aun cuando deseaba que fueran sinceras, en otras simplemente salían por inercia y ni me interesaba el sentido de estas. Pero cuando me atacaba la congoja, el vacío salía desparramado por mis poros y no podía evitar que la hostilidad se viera reflejada en mi persona, integra y sin atavíos.

¿Y quién si no yo era capaz de hacerme miserable?  Palabras cortantes recibía de todos lados, me rodeaban en emboscada y me atacaban, haciéndome creer que esa era la esencia de mi existencia. ¿Qué más, si no ser miserable, podría descubrirme la musa eterna? Entonces me di cuenta que los murmullos hirientes eran pronunciados con mi voz.


Yo y mi voluntad perdida, las manos rasgadas de tanto caerse. Pero yo me sigo levantando, terca como nunca he decidido despejar el panorama, destruir el paisaje monótono que me había impuesto aquella que me hablaba al oído. No, no quiero escucharla más, no quiero que me arranque las ganas de elevarme en meditaciones, el gusto por el frío de las calles en las noches de poesía y el café oscuro que me desvela de manera indecente. Me he enseñado nuevas maneras, que la desesperación no es el único camino a mi verdad. Que no solo con dolor se llega al límite que me permitirá ver más allá de la corporeidad, de la superficialidad en lo cotidiano o a lo que quiero escapar.  Me he salido del hueco, o por lo menos lo estoy intentando.

martes, 16 de julio de 2013

Mentiras

Es como un vacío o un no saber, un mirar y reprochar y quedarme estancada y no saber cuándo todo empezó a estar mal.
Y anhelo cosas e imagino, pero con qué derecho me creo a hacer eso si no confío en lo que digo.
Te caes y pereces, ese es todo el ciclo, no te levantas ni te rehúsas a aceptar tu destino.
Pereces.
Quisiera tenerlo todo, pero que pavor si quiera pensar en que eso sea posible.
No puedo ni imaginarme fuera de mi cuerpo, ni sentir en serio algo diferente a esta nada dolorosa.
Nada hay más poco fructífero que esto, este derramar de tinta, este quedarme en mí y no ver más allá.
No quiero dormir.

martes, 7 de mayo de 2013

Vibraciones del cedazo.

No hay nada.

No, nada.

¿Qué le pasa a mis voces? ¿Por qué se callan repentinamente?

La timidez inesperada me sorprende luego del suplicio de escucharme de manera continua. Momento, momentos.
Busco las razones que me faltan, o acaso me sobran, para que lo predecible se desvíe de su curso y me conduzca en un terreno anónimo de hoyuelos y, ¿qué era?
O puede ser, quizás, que me esté mintiendo y este sea en realidad mi estado innato y natural.
Que me falle el discernimiento de mí misma y me olvide de mi inconsciencia para creerme ser pensante o verdadero. Unitario, sin desquicio de pluralidad.
Mis textos pierden sentido ahora y aturdido mi simple proceder, la turbulencia de las noches o los días mezclados con penumbras ya no soy.
Meta - morfosis. Figuras que quebrantan sus esquemas, trascienden de los parajes de mis ojos. ¡Oh, mis entes! Cuántos son los tiempos perdidos y cuántas las niñas asesinadas.
No había venda que me cegara, mas el confuso proceder ajeno. Mis creencias o mis dioses, que no son más que ellas, que yo, caen o desaparecen en la asimilación del estado corporeidad.
Empiezan de nuevo el murmullo, aparecen de nuevo mis voces. ¿Qué hacía conmigo antes?
Otra vez soy campo de guerra, y mi soledad (de mí para conmigo misma) se disipa.
Y yo que creía estar volviéndome loca.

miércoles, 30 de enero de 2013

Cartitas al azar II

¿De qué me sirven las fechas si nada en mí ha cambiado? Soy un valor constante en el existir de los que alguna vez me acompañaron y que estorba ahora porque ellos sí han avanzado.

Soy una niña en un cuerpo de mujer, en un mundo de hombres en cuerpos de niños. No me entiendo con nadie y no sé si debería hacerlo.

Las personas como yo nacen solas y presienten un final similar, pero que angustioso se presenta el recorrido entre ambos momentos.

Mis esfuerzos por encajar son saboteados por mi solitario estar. No, no quiero verte hoy y no estoy segura de mañana querer hacerlo. Y esa es mi rutina, esconderme para nunca tener que crecer.
Entonces, doy pequeños vistazos a la realidad y me abruma lo mucho que me he perdido y lo mucho que me he apartado y lo insoportable que me he vuelto.

Me doy vueltas y vueltas en recovecos de mi jaula toda llena de papeles manchados con mi frustración, me recrimina la imagen en el espejo al verme derrotada por los impulsos. Yo me saboreo el control cuando creo tenerlo, pero siempre llega el golpe de realidad que me muestra que no es así.

Cartitas al azar I



Mírame, siento que me mientes cuando hablas de lo mucho que me estimas. Mi cabeza siempre baja no me permite estar de acuerdo con tus palabras viciadas por el humo, no creas que es sólo la inseguridad a la que ya otros se han habituado.

Trato de compartir mis sonrisas, pero lo único que me queda son falsas morisquetas que no alcanzan a cubrir por completo el hoyo en nuestros momentos. Eres del tipo que parlotea mucho y poco se interesa en escucharme, aun cuando mis ojos aúllan desolación y piden ayuda.

No, el refugio que antes encontraba en tus historias es ahora un frío cobertizo donde se asfixian mis esfuerzos por resucitar lo que alguna vez tuvimos.

Cada persona que abandono es un vacío en mi vida que se va haciendo más profundo con el retornar a lo que era. Yo soy de las que olvida, ¿no te lo había dicho antes?